El poder antibiótico del agua de mar

Numerosos estudios llevados a cabo en los últimos 124 años otorgan al agua de mar propiedades antibacterianas.

Las posibilidades del océano van a la par de su grandeza y desde hace más de 120 años los científicos están intentando plasmar todas las virtudes marinas de una manera racional y científica, alejada de cualquier interpretación azarosa.

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Fue en 1889, cuando comenzó el conocimiento del poder antibacteriano del agua de mar, impropiamente llamado antibiótico, con las observaciones del médico italiano Vicenzo De Giaxia.

A lo largo de todos estos años se han llevado a cabo numerosos estudios, in vitro e in vivo, que han puesto en evidencia un fenómeno “antibiótico” en el agua de mar, difícilmente clasificable. Además, estos estudios han demostrado que esta acción antibacteriana aumenta por la acción de la luz solar.

Algunos de estos elementos “antibióticos” tienen una vida corta, otros presentan una larga vida, pero todos son dotados de una gran capacidad de difusión debido a las corrientes oceánicas horizontales y verticales. Este tipo de corrientes, más propias de los Vortex marinos, presentan una característica de torsión helicoidal que hoy se están estudiando muy intensamente por la ciencia oficial. Por otra parte, numerosos autores evidencian en el agua de mar substancias antibióticas, eubióticas, pero sin poder identificar su naturaleza química. Una observación incuestionable es que el poder antibiótico del agua de mar es termolábil, es decir, que desaparece al calentarla.

Los elementos antimicrobianos se ven liberados en el agua de mar por las grandes algas, así como por las micro algas fitoplanctónicas y ciertas bacterias marinas. Su presencia es muy variable y va asociada a la tasa fitoplanctónica. El océano está dotado de una perpetúa acción antibacteriana (equilibradora) y esta acción se ve potenciada cuando aparecen eflorescencias de algunas formas tiplanctónicas.

Golfo Vizcaya

Eflorescencas en el Golfo de Vizcaya

El plancton, tanto el fitoplancton como el zooplancton representa el 50% del aire que respiramos, el 98% de la biomasa de los océanos, es el regulador principal del clima y existe desde el origen de la vida.

Según señala Joan Miquel Coll, del Departamento Científico de Laboratorios Quinton, el poder antibiótico del agua de mar difícilmente se puede clasificar. Es el totum del agua marina lo que le confiere esta capacidad, amén de los posibles efectos antbióticos puntuales evidenciados, según las cepas encontradas. Por lo tanto, este conjunto simbiótico marca nuestra evolución y ayuda a nuestra capacidad orgánica a reaccionar. La Terapia Marina, actúa, de una manera incuestionable, gracias a la impronta del totum mineral-orgnánico del zoo y del fitoplancton, siempre que, como han demostrado los numerosos estudios llevados a cabo, se respete la sensibilidad del agua de mar al calor.

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